Hasta alrededor de 1200 no apareció
un estilo de pintura que pueda llamarse «gótico»; es decir casi 50 años después
del comienzo de la arquitectura y la escultura góticas. La transición del
románico al gótico es muy imprecisa y no hay un claro corte, pero podemos ver
los comienzos de un estilo que es más sombrío, oscuro y emotivo que en el
periodo previo. Esta transición ocurre primero en Inglaterra y Francia
alrededor de 1200, en Alemania en torno a 1220 e Italia alrededor de 1300.
Es usual indicar que, mientras en el
románico las representaciones figurativas son simplificadas e idealizadas, en
el gótico se tiende a aumentar el realismo y naturalismo, aproximándose a la
imitación a la naturaleza que será el ideal del renacimiento, incluyendo la
representación de paisajes, que, no obstante, sigue siendo poco usual.
En el gótico, en correspondencia con
las nuevas tendencias filosóficas y religiosas (recuperación de la filosofía de
Aristóteles a través del averroísmo, humanismo de San Francisco de Asís) se
tendió a aproximar la representación de los personajes religiosos (los santos,
los ángeles, la Virgen María, Cristo) en un plano más humano que divino,
dejándoles demostrar emociones (placer, dolor, ternura, enojo), rompiendo el
hieratismo y formalismo románico.
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